Cavilaciones

Los estacionarios.

Despertamos de vez en cuando con alguien mirándonos obsesivamente. Alguien que no disfruta los días propios y pretende subirse a nuestras montañas. La brillantísima aurora define en parte la historia de nuestro día y muy posiblemente la del mirón descamado. Entonces uno se pregunta sobre la razón tan menguante de insistir en el rasguño, es decir la conveniencia de hacer algo tan superficial una y otra vez. Termino pensando que quizás sea un tanteo, en ese caso, sea para medir, averiguar, incluso burlarse, existe un notorio y excesivo interés de estos prematuros hacia mí. No encontrando más observaciones para este caso me queda combinar las dos ideas para ver si así toma vuelo alguna de sus decisiones: rasguñar como tanteo. 

Si tantean para evaluar una reacción deberían saber que es útil solamente en ecuaciones sencillas, modelos básicos, cuando estás ante demasiadas variables notarán la ausencia de éxito además de los posibles daños colaterales del experimento. Si me permiten aconsejar algo sería que no caigan en la repetición, ya que está predestinada al desgaste natural y al debilitamiento. 

Quisiera terminar esta corta reflexión recordándoles unas cosas a estos mozos: que a los rasguños por definición no les damos importancia, son efímeros y esa es la raíz sobre la cual están condenados al resultado adverso, lo mío fue una sobreactuación, entonces concluiremos que ante una decisión mía de no repetir esa reacción, están obligados a repensar la estrategia del rasguño y hacer algo más grande o seguir pedaleando de esta manera estacionaria y cansina. Lamento, por ustedes, la obsesión. 

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